Los acoplamientos débiles de la línea de retorno se agrietan ante picos repentinos de presión hidráulica, salpicando aceite y provocando multas medioambientales. Para los operadores de flotas, una fuga en un conector de tubería provoca el derroche de fluidos costosos, reduce el suministro al depósito hidráulico y conlleva el riesgo de cavitación total de la bomba, lo que arruina todo el sistema.
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