Una presión piloto débil provoca un control lento de la excavadora y costosos retrasos operativos. En las exigentes explotaciones mineras, las bombas de engranajes de baja calidad suelen fallar bajo ciclos de alta presión, lo que causa paradas inesperadas que reducen la rentabilidad de la flota e interrumpen los cronogramas críticos de los proyectos.
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